sábado, 21 de febrero de 2026

Ricardo Zofío Vidal

Ricardo Zofío Vidal falleció a los 81 años. Aunque era Profesor Consulto en la Universidad de Luján, tuvo mucho menos reconocimiento institucional que el merecido, debido a su extremo perfil bajo. Ricardo siempre trataba de pasar desapercibido para las instituciones, quizás una huella que le dejó la dictadura. Pero era todo lo opuesto cuando entraba al aula; allí brillaba. Su pasión era enseñar. Para él, transmitir conocimientos, ayudar a pensar, era su militancia.

De una erudición formidable, su conocimiento solo era comparable con su generosidad. Ricardo siempre estaba presente ante una necesidad, su solidaridad era tan inclaudidable como sus principios. Siempre estaba en todas las marchas por causas justas, incluso cuando su salud flaqueaba un poco.

Tuve la inmensa fortuna de dar mis primeros pasos en la enseñanza con él. Tenía la rara habilidad de hacer que uno advirtiera su propia ignorancia sin incomodar, era su forma elegante de enseñarnos a quienes nos iniciábamos en este arte.

Creo que los mejores reconocimientos fueron de sus alumnos. No debe haber nadie a quien sus clases le hayan pasado desapercibidas. Con un enorme vuelo intelectual, resonaban en diferentes niveles, según el conocimiento previo que uno tuviera, pero para todos eran útiles.

Conociéndolo tanto, cuando Inés Izaguirre me pidió que siguiera con la materia que ella había fundado, “Modo de producción capitalista: El capital”, no dudé en convocarlo, porque dudo que haya habido alguien más conocedor de esa obra que él. Pero, sabiendo que no le gustaba que su nombre figurara al tope en ningún espacio, le dije que viniera como profesor invitado (ya estaba jubilado), y que organizara el esquema expositivo. Siempre aclaré en esos cursos (habrá quien lo recuerde) que el mayor experto era él, aunque estuviera mi nombre al frente. En su momento había sido convocado para colaborar en la edición de las MEGA (edición completa de Marx y Engels), a lo que desistió con una sonrisa porque si de algo rehuía, era de los laureles.

Hombre de imposible reemplazo, esta época lo necesitaba, aunque no lo merecía.